Ángel y dragón I




Tiempos convulsos
en tierras lejanas y propias,
que abren ventanas y fosas
respirando un nuevo impulso.

Pulso en el que no hay miedo
a mostrar mi ángel ni mi dragón.
Si sobrepasas los lindes del respeto
Se funden los plomos en puro apagón.
Cuando el primero se muestra,
demuestra su firme sostén y
pura delicadeza.
Cuando emerge el segundo
y calcina todo a su paso,
arde también adentro
cualquier atisbo de remanso.
A veces ojeada luminosa del alma
Vaivén caricia da Palma,
Rebosante vida entera.
Otras veces ojo del mal en propia mirada.
Silencio de norte
Abrupta y grotesca costa da morte.
Se acentúa la frontera que se echa fuera de la calma.

Todo lo del medio con cuchillo y tenedor
para abrigar mi rubor de mantenerme
en el linde de mi propio dolor.

Cuidando el olor de lo que soy,
colocando en su sitio, dentro de mi jardín
al parlanchín orador.
Así como al honrado bailarín,
custodio y cuido a mi espíritu erector.

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